Día de Muertos: En Estados Unidos ‘muere’ tradición mexicana

Fusión de tradiciones

Habiendo nacido y crecido en México, la tradición del Día de Muertos se lleva por siempre a cualquier parte del mundo, aunque sea únicamente en la memoria, y es curioso ver que en otros países el 2 de Noviembre es una fecha más en el calendario.

Aunque la geografía de Estados Unidos y la de México se dividan tan solo por un río o una línea fronteriza, cuando se trata de tradiciones la división parece estar marcada por el más grande de los océanos.
Si ya de por sí en nuestro mismo país la celebración del Día de Muertos, que se vive al máximo en el sur y centro, conforme se avanza hacia el norte se va diluyendo, al cruzar hacia la Unión Americana esa tradición prácticamente desaparece.
Hasta acá no llega el aroma del cempasúchitl, ni el vaporcito del atole que calientito se deja junto a una pieza de pan para que las almas que se han ido, al regresar en “su día” vuelvan a degustar sus platillos favoritos.
Si acaso algunas remembranzas pueden percibirse gracias a esfuerzos de asociaciones méxico-americanas que insisten en mantener vivas las tradiciones de una parte de sus ancestros. Por eso hay celebraciones de “The Day of the Death” en algunas escuelas, universidades y una que otra oficina.
Pero los altares que se montan acá se limitan a una mesa cubierta con el mantel que mezcla entre calabazas del Halloween y las típicas calaveras prehispánicas, y alrededor cuelga el plástico “made in China” que sustituye a ese tradicional, delgadito y colorido papel estraza (o papel de china) que vemos en cualquier fiesta típica mexicana.
La ceremonia del Día de Muertos se limita a una hora en algunas universidades, que empieza siempre con una explicación de la importancia de la tradición en suelo mexicano, le sigue la presentación de los elementos que forman el altar y los pocos asistentes terminan degustando una taza de chocolate o champurrado y un pan dulce, mientras algún mariachi entona el “Cielito Lindo”.

Otro símbolo de sobriedad

Los panteones son otra señal de que en Estados Unidos no hay un día especial para recordar a todos los que se han ido. A fines de mayo y a mediados de noviembre se recuerda a quienes han pedido la vida defendiendo el país, es decir, en una guerra o batalla.

Pero para el ciudadano común que ha muerto no hay fecha especial para ser recordado. Y esta falta de unidad en las tradiciones norteamericanas se debe en gran parte la diversidad de religiones que practica la población.

Cementerio Nacional de Arlington

Por ejemplo, de denominación cristiana hay más de 15 religiones, y falta mencionar a quienes basan su fe en otras denominaciones, por lo que las tradiciones en las que las creencias religiosas van de por medio, no trascienden más allá del grupo que comparte las mismas creencias.

Porque no hay que olvidar que las colonias que originaron la creación de este país estaban formadas por europeos que huían del Viejo Continente, buscando una tierra donde pudieran disfrutar de libertad religiosa.
Los panteones en Estados Unidos son campos abiertos cubiertos de césped, sin bardas ni puertas que limiten las visitas. Y las tumbas están al ras del suelo, donde lo único que emerge es la sobria lápida que no distingue entre ricos o pobres, porque tal parece que los estadounidenses tienen claro que habiendo partido del mundo terrenal, todos somos iguales.

Mary Ávila es mexicana, ha sido reportera durante muchos años y es Doctora en Periodismo. Ahora vive en Houston, Texas, desde donde continúa ejerciendo su profesión esta vez como participante en el proyecto Reporteras de Guardia.

Foto: Reporteras de Guardia


Reporteras de Guardia: Indigna a hispanos ley antiinmigrante de Alabama

Es terrible saber cómo el ser humano puede actuar en contra de otro ser humano. Los Estados Unidos de América son un ejemplo de este tipo de acciones: durante la última semana de septiembre pasado, nuevamente estaba en disputa una propuesta de ley antiinmigrante en el estado de Alabama, la HB56, considerada como la legislación más dura en contra de los millones de migrantes sin estatus legal y que hoy es un hecho.
Arizona fue el primer estado que alzó la mano en este tipo de propuestas de ley con la SB 1070. Con ésta última, la consigna era crear un lugar más seguro.

El principal argumento fue que los migrantes indocumentados están ocupando las oportunidades laborales que los ciudadanos estadounidenses podrían tener.

¡Qué buena broma!

Quisiera ver que un estadounidense regular hiciera el trabajo que miles de compatriotas hacen en los restaurantes, en la limpieza o en el campo.

Los estadounidenses consideran este tipo de trabajos como de tercera clase; nos odian pero al mismo tiempo no podrían vivir sin nosotros. Hablo en primera persona porque no puedo concebir tal aberración. Basta vivir aquí un corto tiempo para darse cuenta del gran aporte a la economía que dan todos los migrantes.
En los últimos tiempos se han ensañado con este tipo de legislaciones. La Ley HB56, propuesta por el gobernador republicano Robert Bentley, convierte en delito proporcionar servicios básicos –como agua y vivienda- a cualquier persona que no cuente con documentos legales.

Del mismo modo, los policías se vuelven en agentes de migración: con la sola sospecha de que alguien es indocumentado puede ser abordado y detenido.

Y ni hablar de obtener una licencia de conducir. Las escuelas deben informar a las oficinas gubernamentales cuando se sabe si algún estudiante, o sus padres, no poseen papeles que acrediten su estancia legal.
Si por alguna razón algún buen samaritano quisiera ayudar a algún indocumentado, puede ser multado o encarcelado; y no se diga si le da empleo o si algún médico le brinda sus servicios.
La aplicación de esta ley fue detenida a principios de septiembre por contravenir a las leyes federales. Sin embargo, el miércoles 28 de ese mes, la jueza de distrito, Sharon Blackburn, falló a favor de la Ley HB56, pese a lo polémica que resultó ser y también a pesar de tres demandas presentadas por separado entre julio y agosto pasados, las cuales habían pedido eliminarla, por considerarla contraria a la ley migratoria federal.
El gobierno federal, con toda la autoridad, ha dejado que esta oleada de leyes antiinmigrantes, de perfil racista, crezca como una mancha voraz. Lo único que está creando es un antecedente legal que sirva para que otros estados puedan acogerse a este tipo de ordenanzas.
En los medios de comunicación, sobre todo los hispanos, se han visto innumerables testimonios de personas que cuentan sus historias y el terror que viven al saber que en cualquier momento pueden perder todo por lo que han luchado y se han sacrificado.
Es innegable el hecho de que violar las leyes migratorias de cualquier país es un delito. Pero esa falta es considerada dentro de las leyes civiles y no penales, como es el caso de los Estados Unidos: es una transgresión menor en pos de la búsqueda de un mejor vivir debido a que en los países de origen no se ha encontrado.
Me pregunto: ¿Por qué es un delito buscar una mejor calidad de vida? ¿En qué momento el hombre como raza puede ir en contra de su misma especie? ¿Qué lo motiva? Probablemente la respuesta nunca la tendré, pero es algo que no deja de indignar.
Ojalá la opinión internacional levante la mano y de una vez por todas se actúe en contra de un país que se jacta de querer imponer el orden fuera de sus fronteras, pero al interior procede de un modo radical e intolerante.

Alejandra López es periodista. Ha trabajado para el periódico El Nacional y como corresponsal de la emisora de radio colombiana El Caracol. Actualmente vive en Chicago, Illinois, desde donde colabora con el proyecto Reporteras de Guardia.

Artículo publicado originalmente en Reporteras de Guardia. Este texto no es Creative Commons y se reproduce aquí solamente con permiso de las editoras de la página.

Reporteras de Guardia: las secuelas del 11 de Septiembre, 10 años después

Aquella mañana marcó la vida de miles y fue el parte aguas del antes y después del 11 de Septiembre. Aquel día fue el inicio de una nueva era sin precedentes en el negro mundo del terrorismo, además que por vez primera el mundo era testigo en vivo y directo de la vulnerabilidad de un país, que por mucho tiempo había sido considerado como el más poderoso del orbe.

Recuerdo que ese día, como era costumbre, estaba observando las noticias en la televisión, antes de salir hacia mi oficina, que en ese tiempo aún vivía en México, cuando de pronto se interrumpió la transmisión normal y el conductor mencionó que parecía que un avión se había estrellado en una de las dos Torres del World Trade Center de Nueva York.

Y fue en ese momento cuando todo inició, estaba ahí en vivo, la terrible imagen del primer avión del vuelo 11 de la línea American Airlines, estrellándose en la Torre Norte. Todo era confuso, de hecho el conductor comentaba que no podía creer lo que estaba viendo, que probablemente era algún fallo del avión, que era imposible que estuviera volando a esa altura.

Es cuando sobreviene el segundo impacto del vuelo 175 de United Airlines en la Torre Sur del conjunto, y es algo que no podré olvidar cuando el locutor menciona incrédulo “creo que están repitiendo la imagen de este terrible accidente,…no, no esperen es un segundo avión que se estrella en la otra torre…”, y es cuando el mundo entero fue testigo de la barbarie que el hombre puede llegar a ser capaz.

Las secuelas

El impacto del ataque no sólo acabó con la vida de aproximadamente 3 mil personas y dejó heridos a otros 6 mil; aunque siempre se tuvo la sospecha de más muertos, por los cientos de “fantasmas”, indocumentados que pudieron estar en el lugar equivocado por el simple hecho de tratar de ganarse la vida.

Afectó muchas áreas de la vida de los estadounidenses, desde lo económico hasta lo emocional, los días siguientes al atentado, siendo Nueva York el centro financiero de los Estados Unidos y del mundo, la bolsa quedó paralizada en un hecho sin precedentes que no se veía desde la gran depresión.

En el renglón de la salud, los habitantes de la gran manzana resultaron muy afectados debido a las miles de toneladas de escombros tóxicos que cayeron de las Torres Gemelas, algunos estaban compuestos de asbesto, plomo y mercurio.

Además se liberaron niveles sin precedentes de dioxinas e hidrocarburos policíclicos aromáticos en los fuegos que ardieron durante los tres meses siguientes, lo que provocó graves secuelas entre los sobrevivientes y especialmente entre los rescatistas de aquel día.

Según una especulación científica, la exposición a varios productos tóxicos y los contaminantes del aire circundante a las Torres tras el derrumbe del WTC, podría tener efectos negativos en el desarrollo fetal.

Debido a este riesgo potencial, un notable centro de salud de niños está actualmente analizando a los hijos de madres que estaban embarazadas durante el derrumbe del WTC y que vivían o trabajaban cerca de las torres.

El personal de este estudio evalúa a los niños aplicando pruebas psicológicas cada año y entrevistas a las madres cada seis meses. El propósito del estudio es determinar si hay diferencias significativas en el desarrollo y la salud de los niños de las mujeres que estuvieron expuestas a los productos tóxicos, frente a niños cuyas madres no estuvieron expuestas a la contaminación.

Además, el estrés y post-trauma que les quedó a las personas que vivieron cerca el atentado, se avivó hace unos días con el movimiento telúrico que se dejó sentir en la metrópoli y que a muchos les hizo recordar el fatídico 11 de Septiembre de 2001.

Otro aspecto que se vio afectado y que millones de pasajeros que viajan para y por los Estados Unidos padecen, es el refuerzo de seguridad en la aviación a partir de esa fecha. Muchos que han vivido esta odisea, tienen como punto de referencia el antes y el después del 9/11, y es que se ha reforzado tanto la seguridad que hoy en día los pasajeros viajamos prácticamente “desnudos”.

Y no es una exageración, ya que hay que quitarse desde los zapatos, viajar sin ropa que tenga alguna hebilla o botones de metal que provoquen que el detector empiece a sonar, o en el mejor de los casos pasar por un escáner de cuerpo completo que lo expone todo sin censura.

La política exterior que adoptó el gobierno de los Estados Unidos, después de los atentados, dio origen a la intolerancia en contra del terrorismo, provocando con ello una cacería de brujas en contra de todo lo que tenga que ver con el mundo musulmán, e inclusive transgrediendo leyes internacionales creadas ex profeso después de la Segunda Guerra Mundial para prisioneros de guerra o tratados, como el de Versalles.

El autor intelectual de los atentados a las Torres Gemelas, Osama Bin Laden, fue asesinado el pasado 2 de mayo en circunstancias no muy claras. Al conocerse la noticia, esto fue motivo de celebración para muchas personas en el mundo.

Es por eso que a una década de aquel terrible atentado vale la pena reflexionar de todo lo que ha sucedido en estos años y que -si es válido- que la ley del “ojo por ojo” se siga fomentando como justificación del continuo intervencionismo del gobierno de las barras y las estrellas que, sin disculpar la brutalidad del acto terrorista cometido en contra de la sociedad civil aquel 11 de Septiembre, esto sea el generador de la antipatía que muchos sienten por los Estados Unidos.

Alejandra López es periodista. Ha trabajado para el periódico El Nacional y como corresponsal de la emisora de radio colombiana El Caracol. Actualmente vive en Chicago, Illinois, desde donde colabora con el proyecto Reporteras de Guardia.

Artículo publicado originalmente en Reporteras de Guardia. Este texto no es Creative Commons y se reproduce aquí solamente con permiso de las editoras de la página.

México lindo y… ¡herido!

Escrito por Angela Monte

Mi madre y mis hermanas, todas mayores de 50 años, son asiduas visitantes de los innumerables casinos de juego en Monterrey, México. Ruego a Dios todas las noches por su seguridad, desde hace unos años cuando la delincuencia organizada -monstruos criminales sin el menor escrúpulo, para mayor descripción- tomó como una de sus sedes la ciudad que me vió nacer.

Este jueves 25 de agosto, a primera hora de la tarde, leí un tweet sobre una granada de fragmentación lanzada dentro de uno de esos casinos a los que mi familia es tan asidua. Inmediatamente tomé el teléfono y llamé a mi madre. A Dios gracias, ella estaba en su casa, dispuesta a salir a hacer la compra de la semana.

Fui yo quien le dió la noticia que, en principio, hablaba de sólo 6 personas heridas por la “supuesta granada“. Luego de pedirle encarecidamente no ir a jugar en los próximos días (por el temor a que otros centros de juego fueran blanco de nuevos ataques) y de reiterarle mi preocupación y mi cariño, colgué con un muy mal sabor de boca. Para mi eran las 10 de la noche, me fuí a la cama consternada.

Por la mañana temprano sintonicé el noticiero de Joaquín López Dóriga -que en Europa se transmite a las 8:00 de la mañana- y me invadió el terror y la desesperación al darme cuenta de la magnitud del suceso que unas horas antes habría comentado con mi madre.

Narcotraficantes o terroristas, como se les quiera llamar a estos engendros, irrumpieron a eso de las 3:00 de la tarde en el Casino Royale, ubicado en una zona comercial muy transitada y, armados hasta los dientes, no sólo lanzaron grandas de fragmentación. Rociaron con gasolina el inmueble, congregado de una cantidad considerable de personas, accionaron sus armas e iniciaron el fuego.

En pocos minutos el local ardía en la mayoría de sus niveles. La gente corría desesperada, atropellándose, empujándose, histérica; buscando aceleradamente salidas, tratando de salvar sus vidas.

Los criminales salieron tan rápido como entraron; cobardemente, impunemente.

No tardaron en llegar los grupos de auxilio, pero no tan rápido como para impedir la tragedia. Muchos elementos se combinaron para actuar en contra de esa pobre e inocente gente: las puertas de emergencia estaban cerradas, el local no contaba con ventanas ni con rutas de evacuación claras e indispensables, la temperatura dentro era tan alta que ni los enormes chorros de agua de las mangueras de los bomberos, pudieron hacer descender para entrar a rescatarles.

Al momento de publicar estas líneas, muchos lograron salvar la vida, otros 52 la perdieron en el intento y 16 se encuentran malheridos en los hospitales aledaños. El país entero: indignado, consternado, triste, desolado.

Las autoridades, como siempre, han alzado la voz prometiendo encontrar y castigar a los culpables. Incluso la Procuraduría General de la República lanzó un comunicado en el que ofrece 30 millones de pesos “a quien proporcione información útil y veraz que lleve a la captura de los responsables que planearon el ataque“.

¿Eso de qué les sirve a los deudos de los difuntos que sólo buscaban un rato de esparcimiento? ¿Y el terror que deja a la población atrichenrándose en sus casas ante el temor de caer muerto a cualquier hora y lugar de la geografía mexicana, por muy inocente que parezca?

¡La responsabilidad no sólo es del gobierno, es nuestra, de todos los mexicanos! Tanto de aquel que paga sus impuestos puntualmente, como del otro que compra piratería y soborna a las autoridades. De aquellos indiferentes que se quedan callados ante irregularidades, como de los otros que marchan en pro de la paz. De los residentes de suelo mexica, como de los que estamos a miles de kilómetros de él.

México somos todos y mientras no nos hagamos responsables no sólo de nuestra integridad y la de nuestra familia, sino de la todo nuestro pueblo, las cosas no cambiarán nunca.

Hoy México entero es regiomontano, gentilicio de aquellos que nacimos en Monterrey. Hoy México está de luto por los caídos, por la justicia perdida, por el escaso orden, por el poco respeto que tenemos de nuestras autoridades y semejantes, por la deshumanización, por la indiferencia, por el temor a hacernos oír, por el materialismo que poco a poco se ha ido apoderando de nuestros corazones, dejando de lado el valor de una vida humana.

Hoy México no es más México, es la tierra del terror, la sangre y la impunidad. ¿Hay esperanza? Pregunta para el infinito.

Artículo publicado originalmente en Reporteras de Guardia. Este texto no es Creative Commons y se publica solamente con permiso del equipo de Reporteras de Guardia.

 

 

 

Con Javier Sicilia, una esperanza… | Reporteras de Guardia

El México de abajo está de pie, camina, anda, corre, y hasta baila. Es ese México que los medios de comunicación “nacionales”, “grandes”, “prestigiados”, no saben que existe, o hacen como que no existe. O aún peor: lo desprecian.

Es ese México que hoy marcha, que está tomando las carreteras y las calles para ir y plantarse en las plazas principales de las ciudades donde el rojo de la sangre herida y muerta es el color que las pinta.

Es ese México monumental, grandioso, heroico, fuerte, recio, que no cesa en su búsqueda de justicia, de paz y de dignidad que el poeta padre sin hijo, Javier Sicilia, ha venido despertando para que se levante de la ignominia y se sacuda la inercia de la complacencia y hasta de la confabulación.

Con el poeta padre sin hijo, la masa está arrancando, por fin, compromisos públicos de parte del inoperante y costosísimo cuerpo legislativo federal. Y ahí va la cosa, poco a poco, con la cautela y duda que impone la no educación cívica, la deliberada e intencional no culturización política y hasta los prejuicios y atavismos que encadenan y amarran el espíritu y las almas de la población rupestre de este país que, con todo, no está peor que otros de América Latina, o de Europa, o de Asia, o de Oriente Medio.

Repito, la gente, el mexicano de a pie, el que trabaja, el que está desempleado, el que se esfuerza en sobrevivir para vivir (¿sabemos para qué vivimos?), es el que está siguiendo al poeta, al pensador pacifista y respetuoso que, sacudido en sus entrañas por el asesinato de su hijo, decidió no escribir más poesía y enderezar su pluma y su pensamiento educados para entonces elaborar, palabra por palabra, verbalizadas, un poema más grande y valioso y aportarlo a la emancipación de un pueblo oprimido por sus gobiernos locales y federal, herido y vilipendiado por los grupos criminales que deambulan con descaro por todo el territorio, porque así se los ha permitido el malhadado Estado Mexicano.

¿Qué pasará en México hoy, mañana, pasado? ¿Qué significará el proceso electoral de 2012 que traerá otro presidente de la república? ¿Elegiremos una nueva edición de lo mismo? ¿Votará la raza por los candidatos de los partidos que históricamente no han podido con el paquete? ¿Sería Sicilia candidato independiente el año entrante? ¿Se lo pediría la gente? ¿Lo aceptaría? Nadie sabe. Lo único, hoy, es que la esperanza está renaciendo con el poeta padre sin hijo que, con parsimonia, fe, decencia, claridad y convencimiento, cimbra conciencias, mueve a la solidaridad, sacude el quietismo y arranca una mirada y una sonrisa de la ciudadanía atónita ante la descomposición gubernamental.

A Sicilia lo leo hace años, lo sigo haciendo. Es el amigo que a través de la palabra platica, cuenta, narra, dibuja, anima, aclara, alienta, convence. Muy cerca lo vi y lo escuché, y anoté, en su cátedra “Estética, literatura y fe”, en la universidad, lo que no he logrado saber de ningún político, de ningún “precandidato presidencial”, como llaman los “grandes” medios “nacionales” a los aspirantes al cargo de los tres principales partidos políticos, a quienes no evidencian, ni cuestionan pese a su irremediable mediocridad y falta de trayectoria política y de hechos concretos y ciertos.

Sicilia ha llegado al corazón de millones de mexicanos, y si se lo propone, o es mártir o es el hombre que, libre de partidismos, podría acabar por unir voluntades y ser la cabeza de la verdadera transformación social de esta nación que este domingo, otra vez, se posesionará de sus calles y plazas para volver a levantar la voz.

Otra vez la esperanza hecha palabra y la palabra hecha esperanza. Un dique frente a la burla política y las balas criminales.

Juan Noé Fernández Andrade (1959. Córdoba, Veracruz, México). Estudió la Licenciatura en Periodismo en la Escuela de Periodismo Carlos Septién García (México, DF). Cursó un par de seminarios en la Universidad Complutense y en el Instituto de Cooperaciòn Iberoamericana de Madrid. Ejerce el periodismo hace 32 años. Ha trabajado para diversos periódicos y comentado en noticiarios de radio. Fue correspondal de guerra en Nicaragua. Ha pariticipado en la fundaciòn de los periòdicos El Financiero, El Juglar y Entretodos, del que es director. Actualmente es columnista político y profesor universitario.

Artículo publicado originalmente en Reporteras de Guardia. Este texto no es Creative Commons y se publica solamente con permiso del equipo de Reporteras de Guardia.

Historia de las drogas en México o las raíces del infierno actual

Arno Burkholder de la Rosa /Colaboración especial para Reporteras de Guardia

 

 

 

Nuestra sociedad tiene una relación muy difícil con las drogas. Por una parte sabemos que son dañinas y las atacamos hasta el punto que en muchas ocasiones hemos soñado con su desaparición; pero por otro las buscamos ávidamente, como si nuestra vida no tuviera sentido sin ellas.

La sociedad contemporánea no podría existir sin las drogas. Es tanta la presión de la vida moderna que necesitamos de ellas para sobrevivir. Ya sea la cafeína que millones consumimos todos los días, el tabaco, las pastillas tranquilizantes, los antidepresivos, las bebidas energéticas y, por supuesto, las drogas prohibidas. Si todas ellas no existieran, el mundo sería diferente, pero no necesariamente sería mejor.

Antecedentes

¿Cómo surgieron las drogas? ¿y cómo llegamos los mexicanos a vivir frente a esta montaña de más de 40 mil cadáveres que cada día crece más? Como siempre, necesitamos revisar el pasado para comprender nuestro presente.

Las culturas prehispánicas conocían y usaban muchas drogas, ya fuera como medicina o para fines ceremoniales. De todas ellas la más importante es la mariguana, una planta que normalmente se fuma y que ha estado presente en toda la historia de México.

La sociedad mexicana ha variado su opinión con respecto a las drogas. En términos generales han sido vistas como un producto negativo pero necesario; algo de lo que no se puede prescindir pero que se reconoce como dañino.

Durante el Siglo 19, la mariguana fue una “droga de pobres”, muy consumida por los soldados y en las cárceles, mal vista por la parte más rica de la sociedad mexicana, la cual tenía dinero para consumir otro tipo de estupefacientes que le llegaban de otras partes del mundo, como la belladona, el láudano, el opio, y por supuesto la cocaína.

El Estado mexicano intentó controlar el consumo de drogas desde el Siglo 19. En 1846 surgió el primer reglamento para establecer boticas en la Ciudad de México, únicos lugares autorizados para elaborar y vender aquellos narcóticos tolerados por el gobierno. En 1870 se estipuló que sólo podían venderse bajo receta médica, y en 1884 el Consejo Superior de Salubridad realizó un primer catálogo de “tóxicos y sustancias peligrosas”.

Sin embargo, era difícil controlar su venta, entre otras razones por la debilidad del Estado y porque la sociedad las necesitaba. Como dije antes, la mariguana era vista como una droga de clases bajas, relacionada con el pulque y que llevaba a los pobres a cometer delitos, mientras que aquellos que tenían más dinero y educación consumían otro tipo de productos, entre ellos la heroína.

A fines del Siglo 19 apareció la cocaína, que al principio fue vista como una panacea: lo mismo daba energía a los burócratas que a los estudiantes y curaba las enfermedades de las mujeres y los niños. Tuvo que pasar el tiempo para que esta visión idílica se transformara hasta la imagen que tenemos hoy.

Los ejércitos que se enfrentaron durante la Revolución Mexicana fumaban mucha mariguana: era la única manera de soportar el hambre, las enfermedades y el horror de la muerte que los rodeaba. Al terminar la guerra civil, el nuevo Estado mexicano intentó regular el consumo y distribución de las drogas, pero rápidamente se corrompió ante los grupos que empezaron a cultivar mariguana y amapola en el norte del país.

Sin embargo, y esto es importante mencionarlo, la producción y el consumo de drogas en México hasta el último cuarto del Siglo 20 fue relativamente pequeño; el Estado mexicano no tenía que preocuparse por la existencia de esos grupos criminales ya que no eran poderosos y los mantenía controlados.

La droga que llegaba del exterior normalmente no se quedaba en México, sino que seguía su curso hasta llegar a Estados Unidos, donde el consumo siempre ha sido mucho mayor.

Empiezan los problemas

Los problemas empezaron en los años 80 del Siglo 20, cuando el Estado mexicano comenzó a debilitarse mientras los cárteles se fortalecían. Poco a poco empezó a llegar cada vez más droga y más dinero a México mientras los controles estatales se achicaban cada vez más. Además de que la droga ya se quedaba en el país en lugar de seguir su camino hacia el norte.

Los mexicanos comenzaron a consumir más cocaína, lo que le dio más dinero a las organizaciones criminales, quienes lo repartían en mayores cantidades a las autoridades aprovechando que eran corruptas.

México y Estados Unidos han colaborado para combatir el consumo de drogas desde finales de los años 60, pero esta asociación no ha sido sencilla y en varias ocasiones ha enfrentado a los dos países; sólo baste recordar la crisis diplomática que vivimos luego de que Enrique Camarena, un agente de la DEA, fue asesinado en Guadalajara por investigar el tráfico de drogas en México.

Al crecer los cárteles, el Gobierno mexicano intentó fortalecerse, por lo que creó diversos organismos con los cuales combatirlos. En 1989 surgió el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN), en 1993 el Instituto Nacional para el Combate a las drogas (INCD), y en 1995 el Sistema Nacional de Seguridad Pública.

El Estado mexicano reconoció desde el principio que el crecimiento del narcotráfico en el país era un problema de seguridad nacional, pero también sabía que no contaba con los recursos para combatirlo, y que el arma más terrible de los narcotraficantes era la corrupción, como quedó demostrado en 1997. En ese año, el director del INCD, general Jesús Gutiérrez Rebollo, fue arrestado por proteger a diversos grupos del crimen organizado.

 

 

 

 

Ante la falta de recursos, el Gobierno mexicano tuvo que buscarlos en Estados Unidos, pero eso no era sencillo. Los norteamericanos desconfiaban del gobierno por su corrupción, aunque también supieran que lo necesitaban para tener a México en paz. La cooperación entre los dos países creció a finales del Siglo 20, con más armas y tecnología, además de que el FBI y la DEA comenzaron a capacitar a la policía mexicana.

Para los años 90, el Ejército tuvo mayor participación en esta nueva “guerra contra las drogas”. Hasta ese momento, se encargaba normalmente de destruir plantíos, pero dada la capacidad de fuego de los grupos de narcotraficantes, las fuerzas armadas tuvieron que entrar en la lucha para someterlos.

La captura de diversos jefes delictivos como Osiel Cárdenas, Benjamín Arellano Félix, Adán Amezcua y Gilberto García Mena provocó que surgieran nuevos cárteles más pequeños y violentos, lo que recrudeció el conflicto. Para el año 2005 en los estados de Guerrero y Michoacán la violencia alcanzó niveles nunca vistos, por lo menos desde los días de la Revolución Mexicana.

Al comenzar el sexenio de Felipe Calderón, se encontró con que grandes porciones del territorio nacional estaban controladas por las organizaciones criminales, las cuales además de comerciar con droga realizaban otros negocios turbios, como el secuestro y la extorsión.

Estas organizaciones estaban peleadas entre sí, lo que recrudecía la violencia, especialmente en la frontera, provocando el enojo de Estados Unidos, y lo que es más importante: a pesar de todos los operativos realizados con anterioridad, las drogas seguían cruzando la frontera sin ningún problema.

El futuro

El 11 de diciembre de 2006, el gobierno de Felipe Calderón empezó su guerra contra las drogas. Su intención no era acabar con el consumo, sino controlar a los grupos criminales que se han hecho muy poderosos. A partir de 2007, el Ejército Mexicano realizó operativos en Baja California, Sinaloa, Durango, Nuevo León, Chihuahua, Guerrero, Michoacán y otros estados.

Los enfrentamientos entre el Ejército y los grupos criminales han hecho que México esté bañado en sangre. A los más de 40 mil muertos hay que agregar los cientos de miles de afectados por la violencia: huérfanos, viudas, desplazados, exiliados y desaparecidos que hay en todo el país.

Felipe Calderón ha dicho muchas veces que no hay otro camino para resolver este problema. Fortalecer el Estado, haciéndolo más violento, parece ser la única vía para terminar con las organizaciones criminales. Sin embargo, cada vez más voces claman por otra solución: muchos consideran que la violencia podría disminuir si se legaliza el consumo de drogas y se enfoca como un problema de salud.

Lo cierto es que en México es legal el consumo y transporte de drogas, pero siempre para uso individual. Cualquier ciudadano puede portar hasta cinco gramos de mariguana y 50 miligramos de cocaina sin que la autoridad pueda detenerlo por ello (supuestamente).

Pero el problema es mayor, ya que se combina con otro vicio más que centenario en nuestra historia: la corrupción. Esas autoridades que han preferido pactar con el narco en lugar de combatirlo, y esa sociedad que no ve con malos ojos a los narcotraficantes (a pesar de la violencia que han desatado por todo México); los dos tienen su parte de responsabilidad en el infierno que ahora vivimos.

Desgraciadamente, este problema no se acabará pronto. El próximo presidente de México no tendrá mucho margen para maniobrar; quizá deberá aplicar una estrategia parecida a la que está usando Calderón.

Porque, mientras Estados Unidos condene el uso de las drogas (y al mismo tiempo legalice su consumo en varias partes de su territorio), y mientras la sociedad mexicana (incluídas sus autoridades) no puedan o no quieran combatir el problema desde sus raíces, al Estado sólo le quedará recurrir cada vez más a la violencia para evitar que las organizaciones criminales se adueñen del poder.

En alguna entrevista, Felipe Calderón dijo claramente que, de no combatir al narco, el próximo presidente sería impuesto por las organizaciones criminales. El problema de las drogas sólo podrá resolverse con una actitud decidida de la sociedad mexicana, la cual necesita unirse para combatir a este monstruo que está destruyendo su presente y puede volver todavía peor su futuro.

El autor es Doctor en Historia Moderna y Contemporánea por el Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora. Miembro de la Red de Historiadores de la Prensa y el Periodismo en Iberoamérica, del Seminario “Periodismo, Historia y Sociedad” del Instituto Mora y del “Seminario de estudios interdisciplinarios sobre la prensa”, de la FES Acatlán. Está terminando su primer libro “La red de los espejos; una historia del diario Excélsior (1916-1976)”, de próxima aparición y además es autor del blog http://www.clionautica.blogspot.com/

 

Fuente:http://www.reporterasdeguardia.com/arno-burkholder/198-sociedad/545-porque-le-falta-porque-no-tiene-mariguan-que-fumar.html

Yo hablo de México porque me interesa mi país

Por Cynthia Rodríguez. Reporteras de Guardia

En los últimos cuatro años y medio hablar de México me cuesta mucho trabajo. Sobre todo porque es el tiempo que llevo viviendo fuera de mi país y aún con toda mi nostalgia por sus cosas buenas que tiene -que creo son muchísimas-, he elegido hablar de los problemas que hoy en día se viven ahí y que por muy alucinantes, horribles, fuertes e importantes (ponga usted, lector, el calificativo) que sean, en Europa no siempre se saben. Las noticias no constantemente llegan y cuando lo hacen, la mayoría de las veces es de manera interrumpida y descontextualizada.

Cuando en diciembre del 2006 me mudé a Italia, los campamentos en Reforma no se habían quitado. No había reunión o plática donde el tema fueran los resultados electorales entre Felipe Calderón y Andrés Manuel López Obrador. Hoy me entero que en México está por estrenarse (o ya se estrenó) un documental que se llama “0.56%”, precisamente la diferencia que hubo en esas votaciones.

Lo menciono porque recordar esa fecha me sigue provocando una serie de emociones, creo que cada vez más intensas porque verlo a la distancia explica muchas cosas, al menos para mí. Pero bueno, hago referencia a esa fecha también, porque cuando llegué a Roma fue como si el tiempo se hubiera detenido. De la noche a la mañana ya no escuchaba los discursos de “fraude”, “peligro para México”, “los nacos del campamento”, “el caos de las marchas”.

Tampoco escuchaba las historias de muerte que año con año seguían en aumento. Fue de verdad una sensación muy extraña y ahora que lo pienso, más que haberse detenido el tiempo, fue experimentar, en todo el sentido de la palabra, un destierro, aunque aclaro, mi razón para emigrar nada tuvo que ver con la inseguridad en el país.

Recuerdo perfecto que a finales del 2006 los expertos en seguridad señalaban que el narcotráfico mexicano había crecido tanto que ya tenían presencia en una docena de países. Hoy dicen que están en más de 50, pues se ha comprobado redes de algunos carteles en Estados Unidos, Canadá, Centro y Sudamérica y hasta en Australia.

Y fue precisamente en el 2008 cuando un operativo (Reckoning) llevado a cabo en la ciudad de Atlanta, donde detuvieron a más de 100 personas, la mayoría de ellos mexicanos, se dio a conocer un nexo entre narcotraficantes mexicanos e italianos. Un escándalo internacional porque por primera vez la mafia más antigua del mundo comenzaba relaciones con la mafia emergente: la mexicana.

Cómo nace el libro ’Contacto en Italia’

En medio de tantos dimes y diretes quería entender de la manera más clara y amplia, cómo inician las relaciones criminales entre ciudadanos aparentemente diversos, no sólo por la geografía, la diferencia de idiomas, aspectos un tanto obvios, sino por las tradiciones y costumbres que también existen en cada una de las organizaciones criminales.

Hasta ese momento en México se desconocía que existiera una organización criminal llamada “Ndrangheta”. Era lógico, pues durante largos años se mantuvo casi en el anonimato mientras el estado italiano se ocupaba por combatir con todas sus fuerzas a Cosa Nostra, la mafia siciliana. Yo misma desconocía esta información y fue hasta que comencé a investigar que me di cuenta que con quienes habían comenzado a negociar los narcos mexicanos eran con personas cercanas a este grupo delictivo, que tiene su origen en la región de Calabria.

Comencé a rastrear la investigación italiana y, también desde este país, la indagación de la DEA y el FBI. Viajé varias veces a Calabria, donde entrevisté a varios personajes y conocí una realidad completamente distinta a la que ya conocía en Sicilia, por ejemplo, donde la presencia mafiosa es todavía muy fuerte.

Cuando por fin tuve acceso a la investigación completa, fue como descubrir un mundo. Poder leer todas las conversaciones que tienen dos narcotraficantes, uno italiano y otro mexicano desde ciudades diversas, preocupaciones diversas, todo lo que tienen que hacer para que el negocio siga, las dificultades a las que también se enfrentan, sus relaciones familiares. En fin, todo a detalle. Como periodista e investigadora fue satisfactorio.

Por fin información de primera mano, todo gracias a las intervenciones telefónicas que en Italia son legales y que gracias a ellas han descubierto millones de delitos no sólo nacionales, sino también internacionales.

Así fue como nació mi libro: “Contacto en Italia”, en el que explico a detalle estas “relaciones peligrosas”, aunque fuera una pequeña parte del gran rompecabezas que el narcotráfico mexicano significa.

Esta búsqueda significó el inicio de una investigación más amplia, pues como decía al principio, hablar de lo que pasa en México no es fácil, primero porque para nada ha sido fácil entender lo que allá ocurre. Sabemos de los cárteles del narcotráfico, conocemos algunos de los rostros de los capos de estos cárteles, parte de sus historias, sus motivaciones, y de repente hay tanta información que parece desarticulada.

Como mexicana tampoco ha sido fácil aceptar que México se ha convertido en un campo de batalla, donde cada día mueren en promedio 30 personas por hechos relacionados con la violencia. Y más difícil ha sido aceptar que todos hemos sido parte (activa o pasiva) de lo que nos está ocurriendo.

Creo que aceptar que el país donde uno nació -el que uno ama- donde están los cariños más profundos, se ha convertido en un monstruo. Esto no es para resignarse, porque los problemas -poco a poco nos hemos ido dando cuenta- no acaban con 40 mil ó 50 mil muertos. Eso más bien nos hace enfrentarnos a ellos, o debería de hacerlo.

Por eso, desde mi papel de mexicana en el extranjero, siempre que puedo hablo de lo que allá ocurre porque me parece importantísimo que en el mundo se sepa lo que miles de familias sufrimos y no sólo para dar a conocer su dolor, sino porque a veces, cuando me asomo a escuchar y leer lo que allá ocurre, me doy cuenta que los problemas son tantos y tan graves que merece la pena también conocer otras experiencias. Así que también en este tiempo que llevo fuera de México, busco permanentemente buenos ejemplos de cómo se ha combatido a la violencia.

Afortunadamente (y digo afortunadamente para mí por lo que puedo seguir aprendiendo) ahora vivo en un país que durante años ha sufrido la presencia de las mafias, donde desde diversos aspectos se ha luchado y se sigue luchando para poder revertir una realidad. Aquí he visto por ejemplo, cómo los familiares de las víctimas utilizan la fuerza de su tremendo dolor para ser parte de ese cambio. He visto que a pesar de todo, la legislación italiana ha avanzado como en ningún otro país en el mundo para atacar a los sistemas criminales.

Gracias a esta investigación, a principios de junio recibí una invitación de Casa de América en Madrid, para hablar sobre las nuevas relaciones que los cárteles de la droga en México están teniendo con otras organizaciones criminales en el mundo.

Yo hablo de México porque me interesa mi país. Me duele ver lo que está sucediendo allá. Me emociona cuando veo que las víctimas salen a gritar sus desgracias porque aquí he aprendido el valor y la resonancia que tiene que las personas logren romper el muro del silencio. La participación de la sociedad civil es fundamental para que los verdaderos cambios se den. Esto es lo que he aprendido viviendo fuera de México y lo que ahora trato de transmitir en cada plática que me invitan.

Ese día tuve el honor de compartir esta charla con dos expertos en el tema: el doctor Edgardo Buscaglia y el doctor Francisco Thoumi, quienes hablaron sobre la escalada de violencia que desde hace años se sufre en Latinoamérica y sobre el problema de la legalización de las drogas. Recomiendo ampliamente ver sus explicaciones porque seguramente nos despejarán algunas dudas.

“Lo importante no es lo que ellos nos hicieron, sino lo que nosotros hagamos con lo que ellos nos hicieron”, escribió hace ya algunos años el filósofo, escritor y dramaturgo Jean Paul Sartre. Quizá sea una frase muy idealista, pero desde que la escuché me la repito siempre porque creo que cada uno de nosotros, los mexicanos, podremos ayudar a cambiar nuestra realidad nacional con lo mejor que tengamos, con lo mejor que hagamos, con lo mejor que seamos.

Día de las madres…sin hijos

Está aquí cerquita en el calendario, otra vez, como cada año, puntual, el 10 de mayo, el Día de las Madres. Como seres humanos hechos consumidores y no personas, de nueva cuenta nos vemos sometidos por el autoritarismo capitalista: “Mayo, mes de las madres”.

Y entonces, qué dudarlo, todo mundo se vuelca a las tiendas, con dinero o sin dinero, para comparar algo aunque sea vía endeudamiento y regalarlo a las mamás, a las madres, a nuestra progenitora.

El sentimentalismo nos pega durísimo. Tenemos que ser buenos hijos, asumirnos como tales y demostrarlo obsequiando lo que sea a nuestras madres.

Un 10 de mayo que, cierto, muchísimas mujeres madres lo esperan para tener un día, un miserable día que las reconforte un instante en medio de esta locura que significa vivir con apremios económicos, restringidas y reducidas a cumplir un rol social históricamente injusto, desequilibrado y poco amable.

En México esta es una realidad inobjetable. De la idea emancipadora de la mujer ejemplo, de la madre abnegada casi mártir, de la mamá heroica capaz de todo por sus hijos, hasta la ignominia y el silencio. Hoy ella ese ser insuperable e inmaculado, cada vez está más señalada por el infortunio de un presente  y un destino complejo, difícil, hosco, violento, arrebatador hasta de sus entrañas.

En el México actual, ser padres, pero más ser madre, mamá sin hijos asesinados en cualquier calle o rumbo del país, es un acto inconmensurable. Hoy, la familia mexicana, aquella familia tradicional y convencional, es incapaz de mantenerse ajena a los sinsabores de una crisis que engloba lo económico, lo moral, lo ético, lo educativo, lo religioso, lo social.

La familia mexicana, si no está empobrecida, sí está neurótica, infeliz. Ya no es el núcleo ni el equilibrio de lo que presumía el gobierno. Su resquebrajamiento es tal que, contra lo que se diga y se presuma aún, vive una terrible soledad.

La familia, y obvio los hijos, viven en la ambigüedad, con disonancias. Los hijos, carentes de posibilidades reales, de darle rumbo a sus sueños y materializarlos, se ven obligados a realizar tareas, faenas riesgosas y quieren –empujados por este sistema caduco y necio- para sí todo el placer posible teniendo a la frustración ahí a un ladito.

Por eso, hoy, cuando desayunamos, comemos y cenamos historias reales de violencia e inseguridad, de hijos absorbidos por la tristeza y el abandono, la indiferencia y la esclavitud del consumismo, del tener para ser; de hijos delirantes, alterados por este sistema de malograda convivencia social, que primero produce individuos ansiosos de todo, que dicen que van a hacer todo y al final no hacen nada para, enfermos de coraje, rencor y resentimiento, estallan en forma violenta. Uno contra todos. Todos contra uno. Todos contra todos.

Así no hay ciudadanos, no hay personas. Hay familias que no son familias. Mujeres madre que no son tales. Padres sin familia. Jefes de familias inexistentes. Roles históricos de hombre y mujer, de papá y mamá, suspendidos por esta vorágine violenta y cruel perpetrada desde la perversidad del poder político y económico.

El gobierno de facto en México, el poder criminal, la mafia, los cárteles, los narcos, hoy, están exterminando a la familia. La necesidad del dinero, de sobrevivir, ha provocado que haya padres sin esposas y viceversa, padres sin hijos porque fueron asesinados, madres que pierden a unos y otros porque los criminales así lo decidieron.

La política partidista, los gobiernos pre y posrevolucionarios, los políticos corruptos, el sistema y modelo de desarrollo en México ha generado y generalizado la violencia que hoy se enseñorea a lo largo y ancho del país, fundamentalmente en el norte. Las desigualdades económicas, la ambición desmedida, la obsesión por el poder, el extravío de la conciencia social nos ha llevado, nos ha traído a este momento crucial, dramático, único de descomposición.

El tejido social está desfalleciente, de ahí su expresión violenta y agresividad irracional. Un problema que arrastra a la familia, al papá, a la mamá y a los hijos a una regresión en el que el individuo está contra el individuo y las instituciones contra la sociedad.

La muerte tiene permiso -en este país- de recorrer banquetas, calles, avenidas, bulevares, calzadas, carreteras, parques y paseos públicos. Y llega puntual a su cita en hombres-maridos y en niños-jóvenes-hijos víctimas de la falta de alternativas reales en un México anárquico y desordenado. Un Estado fallido enmascarado por la simulación.

Un México de madres sin hijos. De esposas sin esposos. Y de hijos sin padres porque el sistema los ha matado a través de sus engendros criminales. Está aquí el 10 de mayo. Una fecha que reflejará, quizá por vez primera, un dolor profundo, una tristeza del tamaño de la impotencia ante Dios y los poderes político y económico. Está aquí en el calendario, otra vez, como cada año, puntual, el 10 de mayo, el Día de las Madres… sin hijos.

Del poeta chiapaneco Jaime Sabines, dos fragmentos:

1. A media noche: “… Cada día, hijo mío, que se va para siempre, me deja preguntándome: si es huérfano el que pierde un padre, si es viudo el que ha perdido la esposa, ¿cómo se llama el que pierde un hijo?, ¿cómo, el que pierde el tiempo? Y si yo mismo soy el tiempo, ¿cómo he de llamarme, si me pierdo a mí mismo?”.

2. Sigue la muerte: “No digamos la palabra del canto, cantemos. Alrededor de los huesos, en los panteones, cantemos. Al lado de los agonizantes, de las parturientas, de los quebrados, de los trabajadores, cantemos. Bailemos, bebamos, violemos. Ronda del fuego, círculo de sombras, con los brazos en alto, que la muerte llega. Encerrados ahora en el ataúd del aire, hijos de la locura, caminemos en torno de los esqueletos. Es blanda y dulce como una cama con mujer. Lloremos. Cantemos: la muerte, la muerte, la muerte, hija de puta, viene”.

Juan Noé Fernández Andrade (1959. Córdoba, Veracruz, México). Estudió la Licenciatura en Periodismo en la Escuela de Periodismo Carlos Septién García (México, DF). Cursó un par de seminarios en la Universidad Complutense y en el Instituto de Cooperaciòn Iberoamericana de Madrid. Ejerce el periodismo hace 32 años. Ha trabajado para diversos periódicos y comentado en noticiarios de radio. Fue correspondal de guerra en Nicaragua. Ha pariticipado en la fundaciòn de los periòdicos El Financiero, El Juglar y Entretodos, del que es director. Actualmente es columnista político y profesor universitario.

Artículo publicado originalmente en Reporteras de Guardia. Este texto no es Creative Commons y se publica solamente con permiso del equipo de Reporteras de Guardia.

Reporteras de Guardia: el narcotráfico en México también genera un fenómeno literario

La cinematografía es una instantánea.

Es un reflejo de la realidad ubicada en un momento  histórico, político y social determinados, llevada a la estética del celuloide. Un ejemplo es  la  llamada Época de Oro del cine mexicano (1936-1957), en el que se abordaron géneros como las comedias musicales,  los melodramas y las inolvidables historias rancheras que mostraban el costumbrismo de aquel tiempo, nada más alejado de nuestra realidad actual, donde la problemática social es más compleja y el cine da testimonio de ello con la película Presunto culpable, que causó gran revuelo y la ridiculización que se hace del narco en Rescatando al soldado Pérez.

Otro ejemplo es La Transición (1973-1982),  un episodio fundamental en la vida del pueblo español, que además es considerado como de los más fértiles en la historia del cine de ese país y se caracterizó por la búsqueda de propuestas estéticas que a juicio de los críticos fueron muy bien logradas y dejaron huella en las conciencias.

Literatura sin fronteras

La literatura y sus depositarias, las librerías, no se escapan de ello. Según las épocas se va produciendo determinada literatura y en la industria editorial mexicana esto es tan visible que hoy en día nos encontramos ante un fenómeno literario como consecuencia de un problema social que se ha acentuado en México (es el caso del narcotráfico), que antes no se había palpado. Con motivo del Día Internacional del Libro, hoy 23 de abril, vale la pena conocer algunas obras que ha generado esta problemática nacional.

Como resultado del combate al crimen organizado iniciado por el actual gobierno mexicano, en los últimos 4 años han surgido más de una decena de títulos relacionados con el tema del narcotráfico: Miss Narco. Belleza, poder y violencia; Los narcoabogados, Herencia maldita, La Reina del Pacífico, Los señores del narco, El caso Wallace, El cártel de los sapos 1, Tierra Narca, El cártel, El cártel de los sapos II, El cártel de Sinaloa y desde luego un libro que considero punto de partida de este tema, La Reina del Sur.  Todos ellos son algunos ejemplos a citar.

Este fenómeno social es muy complejo, tiene tantos componentes -por explicarlo de alguna forma- que ha dado materia para abordarlo desde distintas veras para llegar a un mismo territorio.

Así tenemos las palabras y los pensamientos de Sandra Avila, gracias a las entrevistas que el prestigiado periodista mexicano Julio Scherer García, le hace para publicarlas  en La Reina del Pacífico (2008): una serie de confesiones estremecedoras, espeluznantes, que se cuentan desde los barrotes del Penal de Santa Marhta Acatitla. No son ficción, sino un botón de muestra del entramado del narcotráfico.

Por su parte El caso Wallace (2010) deja testimonio de otro signo inequívoco de descomposición social, como consecuencia del mismo fenómeno: el secuestro. El libro narra la desaparición de un joven y la búsqueda que inicia su madre, pero queda incompleto, ya que posterior a su publicación la señora Miranda de Wallace, en la búsqueda, encuentra al verdugo, quien la conduce al sitio donde dejaron los restos de su  hijo, porque la víctima fue descuartizada.

El cártel (2007), escrito por el ya fallecido periodista Jesús Blancornelas, relata a manera de crónica la actividad y consecuencias en la sociedad tijuanense del cártel de los hermanos Arellano Félix: las redes de complicidades y los cientos de eslabones que forman esta cadena en un punto específico del territorio mexicano.

Pero al inicio de este artículo, al abordar el tema de ese fenómeno literario, dije que La Reina del Sur (2002) era el punto de partida, porque Arturo Pérez Reverte se adelantó a todos, corrió el riesgo y la aventura de vivir un tiempo en Culiacán para empaparse de la jerga de quienes realizan esta actividad, de su forma de vivir, sus costumbres y se relacionó con quien puedo ofrecerle información que le ayudará a construir esa fantástica novela que, de tan descriptiva, el lector casi  puede escuchar las palabras, los sonidos, los silencios.

Los narcocorridos, una expresión popular

Esta expresión musical ha experimentado un reavivamiento notable en México, dejando ventas importantes en la industria del disco. En Los mil velorios (1994), Carlos Monsiváis dice que los corridos tienen su origen en la nota roja,  y ¿en qué deriva mediáticamente la actividad del crimen organizado si no es en la nota roja?

La obra de Pérez Reverte dio lugar al narcocorrido dedicado a su personaje femenino, la enigmática Teresa Mendoza. Otro tema es para la propia Reina del Pacífico, Sandra Avila. Otros más de este género son dedicados a quienes encabezan los cárteles. Las letras de estas canciones pueden leerse en  algunos de los títulos que se mencionan.

Hoy día el fenómeno del narco se ha vuelto toda una cultura que deja productos con excelentes ventas, se han convertido en los tops de tiendas de música, librerías y  salas cinematográficas. Sin duda alguna, un verdadero un negocio.

Gabiela Nava Femat es licenciada en Ciencias de la Información. Gestora cultural mexicana con residencia en Torreón, Coahuila y colaboradora eventual en algunas publicaciones.

Artículo publicado originalmente en Reporteras de Guardia. Este texto no es Creative Commons y se reproduce aquí solamente con permiso de las editoras de la página.

Reporteras de Guardia: testimonio de un mexicano en Japón

Tal como lo dijo Mary Ávila en su más reciente artículo -que con Internet de por medio, todo se vuelve cercano- tuve la oportunidad de ponerme en contacto –a través de un primo mío- con Enrique de la Rosa, un joven mexicano que vive desde hace poco más de dos años en Yokosuka, Japón.

Enrique -quien está casado con una japonesa- me contó vía Facebook que la ciudad donde vive está a unos 400 kilómetros al sur de Sendai, donde se originó el terremoto de –según han corregido las autoridades niponas- 9 grados en la escala de Richter.

La diferencia de 15 horas entre México y Japón ha dificultado un poco que Enrique y yo podamos ponernos en contacto. Sin embargo me ha contado algunas de sus vivencias durante la tragedia.

Y para completar el texto, he reproducido, en un principio, lo que publicó luego de las primeras horas del sismo.

testimonio de un mexicano en japónA continuación, los comentarios que Enrique, nacido en México Distrito Federal, ha publicado en su muro de Facebook:

“Viernes, horas después del terremoto: El sismo se sintió fuertísimo. Seguimos medio preocupados y con miedo. La verdad somos suertudos, muchas personas no tienen luz, gas. Todos los que se fueron a trabajar no pudieron regresar a sus casas porque los trenes fueron detenidos por seguridad, otras personas lo perdieron todo, coches, casas. Muchos heridos y también personas fallecidas”.

“Sábado temprano (hora japonesa): Las réplicas nos ponen nerviosos. Hay alerta nuclear y puede que mañana domingo nos quiten la electricidad. Mucha de la mercancía, sobre todo comida, viene del extranjero en barcos y al haber sido destruidos varios puertos, se prevé escases de comida. En los centros comerciales, las alacenas de sopas, pan y leche estaban casi vacías. Fuimos a la gasolinera y ya no había gasolina”.

La breve conversación con Reporteras de Guardia:

Enrique de la Rosa.- No creo que haya un país tan preparado para los sismos como Japón.

Reporteras de Guardia.- ¿En qué lo notas?

ER.- Muchas familias tienen en sus casas kits de emergencia ante terremotos que incluyen agua y comida para 3 días; lámparas, radios que no requieren pilas, una especie como de almohada que te cubre la cabeza. Por ejemplo, a nuestro bebé que va a entrar a la guardería el próximo mes, le piden uno de esos protectores. Es obligatorio, como el uniforme. La infraestructura también está diseñada para recibir terremotos.

Sin embargo, lo que me deja esta experiencia es que por más que un país esté preparado, cuando el sismo es tan fuerte como éste y es seguido de tsunami, la destrucción es inevitable. Ayer (sábado) en la noche vi que había ya aproximadamente 720 personas fallecidas e innumerables personas desaparecidas. Eso jamás se había visto en terremotos en Japón. Se han registrado personas fallecidas o desaparecidas en otras ocasiones, pero no a tal grado.

Ayer que fuimos al supermercado, de verdad que sí se siente el pánico en la gente; todo lo relacionado con kits de supervivencia casi vacío: la comida en lata, sopas instantáneas, leche, jugos, bebidas. Las calles vacías para ser fin de semana.

Y para colmo, recibí un mensaje de texto de parte de un amigo, pero estaba todo en japonés, no entendía mucho, entonces le pregunté a mi esposa qué decía. Y al mismo tiempo en el radio decían que estaba circulando un correo cadena comentando mentiras sobre químicos peligrosos que se habían derramado y que si los respirabas corrías el peligro de intoxicación.

RG.- ¿Quién puede tener humor y tiempo para hacer eso?

ER.- Exactamente, ¡quién demonios hace eso! Entonces ya no le puse atención. Japón es demasiado dependiente de importaciones en cuanto a alimentos, lo único que es autosuficiente es en la producción de arroz. Con varios puertos destruidos y vías marítimas inaccesibles, lo que pudiera estar en camino será retrasado. Por eso es que la gente se alocó y fue a comprar todo lo que pudiera. Cuando fuimos por gasolina ayer ya no había. Es cuando uno se da cuenta lo vulnerable que es.

RG.- ¿Qué tan cerca estás del epicentro del tsunami?

ER.- El epicentro queda a 130 kilómetros de la costa noroeste de la ciudad de Sendaique, es la que queda mas cerca, y a 375 kilómetros de Tokyo. Yo vivo un poco más al sur, tal vez a 400 kilómetros del epicentro.

RG.- ¿Vives en un edificio?

testimonio de un mexicano en japónER.- Es un edificio de siete pisos, de cemento. No tiene ninguna fractura, somos afortunados. Si este edificio aguantó el primer terremoto y la réplica más fuerte, creo que aguantará lo que sea.

Anoche (noche del sábado en Japón) las alertas de tsunami todavía estaban en rojo, ya en la madrugada bajaron a alerta amarilla. Al menos es más tranquilizante.

Chiba, que es una ciudad al norte de Tokyo, siguió sufriendo de replicas del terremoto y también de los tsunami y Chiba nos queda muy cerca.

Si vamos a las costas de nuestra ciudad, Yokosuka, se puede ver a lo lejos las costas de Chiba. Lo que nos sorprende es que no nos ha tocado tan grave lo de los tsunamis porque el trabajo de mi esposa y el mío están a un costado del mar.

RG.- ¿Dónde trabajan?

ER.- En una base naval marítima de los Estados Unidos, es una cadena de tiendas departamentales dentro de las bases alrededor, se llama Navy Exchange.

RG.- ¿Irás a trabajar el lunes? ¿No suspendieron labores?

ER.- No tengo idea. Tendré que llamar a mi oficina.

RG.- Incertidumbre.

ER.- Sí, estamos viviendo con incertidumbre.

Mientras esto se publica, la prensa internacional alerta sobre una posible fusión nuclear de dos reactores ubicados en la central nuclear de Fukushima.

Norma Saldaña escribe en el proyecto Reporteras de Guardia y es egresada de la Maestría en Periodismo de la Escuela de Comunicación de la Universidad Anáhuac México Sur. Síguela en Twitter @normasv

Reporteras de Guardia: Tranquilidad en los Emiratos Árabes Unidos

¿Cómo le ha afectado a Dubai los disturbios políticos que ha habido recientemente entre los países árabes? Es la pregunta que mi familia y amigos en México me han hecho últimamente, la cual quiero responder en este espacio.

A Dubai no le ha afectado nada, al contrario, desde el 25 de enero que empezó la revolución en Egipto y hasta el 11 de febrero en que el Presidente Hosni Mubarak renunció, miles de turistas que tenían planeado visitar El Cairo, cambiaron su destino por Dubai, así que los hoteles reflejaron un índice alto de ocupación.

Además, como durante ese tiempo era también el Festival de la Compra, que es cuando la mayoría de las tiendas de muebles, electrónicos y ropa dan grandes descuentos, el sector comercial registró un gran incremento en sus ventas, lo cual fue benéfico para ellos.

Recientemente, el pasado 17 de febrero inició la revolución civil en Libia y en otros países árabes vecinos en que también ha habido protestas,  como en Yemen, Iraq, Oman, Bahrain y Marruecos. Mientras que aquí el Sheikh Khalifa Bin Zayed, Presidente de los Emiratos Árabes Unidos, ha dicho que su prioridad son las necesidades de sus ciudadanos.

La capital Abu Dhabi y Dubai son los Emiratos donde se puede ver la riqueza que existe por sus grandes proyectos de arquitectura que han inaugurado en los últimos tres años, sin embargo hay otros cinco Emiratos en los que el nivel de vida de sus ciudadanos locales no es tan alto y para ellos el Gobierno ha anunciado recientemente que habrá apoyos extras.

En lo personal, nosotros estamos tranquilos. Mi marido trabaja en un periódico, así que tienen mucho qué publicar diariamente, pero tengo varias amigas cuyos esposos laboran en compañías que tienen su base en Dubai, pero su área de cobertura es Medio Oriente. Ellos han dejado de viajar por seguridad y de alguna manera están preocupados por los proyectos en esos países vecinos, porque no es fácil que sigan el ritmo planeado.

La semana pasada recibimos un comunicado de parte del Consulado Mexicano que decía:  “Debido a la situación imperante en los países árabes, Norte de África y otras regiones de Medio Oriente, la Secretaria de Relaciones Exteriores nos ha solicitado actualizar el directorio de la Comunidad Mexicana en Emiratos Árabes Unidos, con la finalidad de contar con los elementos que permitan adoptar medidas de orientación oportuna en casos de emergencia”.

Mis compatriotas mexicanos que vi durante esos días, coincidimos en que aquí no había de qué preocuparse. Comentamos incluso que los nacionales aman a sus gobernantes. Es emocionante ver cómo el Día Nacional, el 2 de diciembre, los nacionales decoran y tapizan sus vehículos y casas con banderas y fotos del residente y del vice-presidente, porque están contentos con ellos: son sus héroes.

El jueves de la semana pasada fui al Consulado por razones de calendarizar algunos eventos para los niños de la Comunidad Mexicana y aproveché para preguntarle al Cónsul Francisco Alonso, cómo veía la situación en los Emiratos. Dijo que obviamente aquí en Dubai no hay razón para que los emiratíes protesten porque tienen muchos beneficios de parte del gobierno.

Los emiratíes tienen salud y educación totalmente gratuita si la solicitan, además de recibir un subsidio en los servicios públicos, como agua y electricidad. Lo más impresionante es que no pagan impuestos.

El diplomático también mencionó que en caso necesario el Consulado de México en Dubai está listo para recibir y apoyar a los mexicanos que están viviendo en los países vecinos en conflicto, como son Oman y Bahrain.

¡Así que aquí estamos muy tranquilos, viviendo en un país que parece de fantasía!

 

Haydeé Pérez es periodista mexicana y vive en Dubai, desde donde participa en el proyecto de periodismo digital Reporteras de Guardia.

La Era Facebook

A lo largo de la historia de la humanidad, personas con aptitudes para la observación, médicos, brujos, neurólogos, astrólogos, psicólogos y psicópatas establecieron diferentes tipificaciones de las personalidades. Los comportamientos humanos sugerían la existencia de grupos afines. Nacieron así los signos del zodiaco, la teoría de los humores, el psicoanálisis y otros agrupamientos y asociaciones más o menos científicas, más o menos libres.

Pero el Siglo 21 nos encontró narcotizados por una pantalla azul. Desde que unos jovencitos norteamericanos inventaron la red social llamada Facebook, la humanidad encontró un mundo nuevo donde relacionarse. Como los españoles que venían a buscar azafrán y encontraron un continente, estos muchachitos encontraron una herramienta que cautivó por igual al oficinista y al porturario, a la dentista y al ama de casa, al peluquero y a la jugadora de hockey sobre césped.

Facebook es un teatro donde todo humano puede actuar, un estadio donde el más tronco puede cabecear al ángulo, un colectivo donde el manco puede tocar bocina, un púlpito donde el callado puede parlotear, una batalla donde el más cobarde puede cortar cabezas, una hoja donde todo el mundo puede escribir, sacarse fotos y comunicar.

Todo sucede en la vida real y, para colmo de bienes, todo puede suceder sin moverse del living de su casa. La novedad evidente y contundente exige una nueva mirada o al menos una nueva clasificación de la humanidad. Por eso, siempre presto a indagar la idiosincrasia del haedense medio, el Departamento de Novedades Tecnológicas de Compromiso (DNTC), se dedicó a indagar sobre las distintas personalidades humanas que se manifiestan en la era Facebook. El que sigue es un estudio preliminar, un esbozo de las investigaciones del Departamento.

Personalidades intervinientes en la red social Facebook:

El etiquetador
Se trata de un individuo muy sociable. Él quiere tener presente siempre a los amigos. Entonces cada vez que sube algo a su página (lo cual ocurre casi todos los días y en ocasiones varias veces al día), se dedica a etiquetar a diestra y siniestra, es decir, a avisarle a los amigos que él hizo algo. Los amigos se ven obligados a verlo y a comentarlo o al menos clickearle un “me gusta”, para que el etiquetador pueda dormir tranquilo.

El galán
Antes de Facebook era un individuo más bien cerrado sobre sí mismo, discreto, de esas personas que pasan inadvertidas. Desde que puede elegir una foto y ponerla a la consideración pública, se ha vuelto un galán con todas las de la ley. Acaso porque no es muy elocuente se limita a posar y colgar las fotos que no lo desfavorecen; y si no encuentra muchas, el Fotoshop es un aliado de fierro.

El que odia Facebook
Es uno de los más extendidos facebooquistas. No sólo detesta la red. Detesta Internet, detesta las redes sociales. Detesta las fotos, las camaritas y toda la parafernalia facebookera. Sin embargo, resulta que tiene un primo en Formosa o una tía en Noruega, y entonces se siente obligado a usarlo. Y así es como día a día permanece más y más horas frente a la pantalla, posteando frases, fotos, letras de canciones, tirándole los perros con desdén a una persona a la que podría ver tranquilamente cualquier día con sólo tocar el timbre de la casa.

El militante Face
Antes hacer política era fatigoso: afiliarse a un partido, ir a tediosas reuniones de comité, salir con la brocha y el engrudo a pegar carteles en las paredes, discutir con personas de toda laya a altas horas de la madrugada sin llegar a ningún acuerdo, en fin, como diría un madrileño: un verdadero “coñazo”. Desde que existe la red de redes el militante encontró su espacio. Con un par de frases hechas o por hacerse el militante convoca a la lucha contra el sistema, contra la opresión, contra la grúa que le llevó el auto de la Avenida Rivadavia.

El cazador oculto
También llamado el Facevoyeur. No escribe mucho, no sube fotos, no comenta. Pero mira lo que pusieron los amigos, los perfiles, las fotos de los amigos, de los amigos de los amigos, de los amigos de los amigos de los amigos.

El nostálgico
Es un facebooquista que vive en el pasado, es tanguero. Encuentra fotos de la secundaria, de la niñez, y las pone a disposición de los amigos obligándolos al gesto de ternura, de solidaridad por aquellos viejos tiempos.

El culto
Hace unos años en los sobrecitos de azúcar venían frases de Schopenhauer, de Nietzsche, de Kierkegaard y de otros pensadores de apellidos imposibles. Hoy Facebook ofrece su espacio para que el fatigador de frases de café encuentre su propia azúcar y no se diluya en la amargura. En el “muro” propio o en uno ajeno, el facebooquista culto descerraja una frase que, por su contundencia, por su aspecto de verdad revelada, obliga al vecino a comentar algo inteligente y así no quedar afuera.

El comerciante
Tiene ojo para vender y lo usa. Facebook para él es una vidriera y como tal la utiliza. Carteras, collares, condones, carnets, todo lo vende el comerciante, a todo el que puede le manda sus ofertas, sus promociones, sus recomendaciones siempre amables, siempre sonrientes, siempre buena onda y siempre desinteresadas, por supuesto.

El enamorado del muro
Es el más melancólico de los facebooquistas. Está perdidamente enamorado y espera que la persona amada diga algo, le envíe un mensaje o le escriba algo al ver la lucecita verde del chat encendida. Pero la persona amada no sabe o no contesta y el enamorado del muro queda desmigajado, se aherrumbra un poco más, el tiempo lo asfixia un poco más día a día, hasta la derrota final.

El facebooquista feliz
Es re-buena onda. Manda abrazos, manda besos, manda regalos, manda saludos de cumpleaños, de aniversarios, del día del amigo, del día del panadero, manda todas las novedades del cariño electrónico. Es simpático, nunca se olvida de los amigos, es feliz, es insoportable, es inaguantable, dan ganas de estrangularlo.

Etcétera
Día a día nacen nuevas personalidades, nuevos rostros, nuevas visiones del mundo. Hay quienes ya no reconocen las distancias entre Facebook y el resto del mundo. Ya hay niños que nacen con una duda: Facebook es parte del mundo o el mundo es parte de Facebook. Facebook para todos, esa es la historia.

Jaime Muñoz Vargas (Torreón, México) . Este artículo es un fragmento. Para consultar el original, visita Reporteras de Guardia.

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